Violencia entre lesbianas, una lucha para alzar la voz

Hoy, 25 de noviembre, Día de la No Violencia contra las Mujeres, me atrevo a hablar de un tema que nos avergüenza y que muchas veces silenciamos.

En Perú, 7 de cada 10 mujeres sufren violencia física, sexual o psicológica, según cifras de la Defensoría del Pueblo. Una situación muy grave sin duda que afecta a mujeres de todas las regiones del país, de todas las edades y de todos los estratos socioeconómicos. Un sinfín de campañas se tejen en un día como este y sin embargo aún estamos lejos se terminar con esta terrible situación. Para nosotras, las lesbianas y activistas por los derechos LGTBI, la pregunta se torna urgente: ¿las lesbianas acaso estamos al margen de dicha situación?

Hay que entender el problema de la violencia contra las mujeres no como un problema casual ni contextual, sino como un problema estructural: el machismo está enraizado en nuestros cimientos como sociedad. Los medios de comunicación, las jerarquías religiosas, los prejuicios sociales, entre otros factores, alimentan y conducen una sociedad machista en donde la mujer es vista como inferior, con menor autonomía y sobre la cual se puede ejercer control y presión, sobre todo en los vínculos de pareja. Asimismo, sobre la figura masculina se ha construido una figura cuya seguridad recae en el poder: sobre sí mismo, sobre lxs otrxs y sobre todo sobre las mujeres.

Creo que aunque queramos negarlo o combatirlo, es evidente que entre las lesbianas existen estereotipos de género que responden a todas luces a las figuras femenina y masculina que ha construido la sociedad, en principio en torno a la heterosexualidad, pero cuyos modelos se expanden a toda la comunidad LGTBI. Teniendo esto claro, ¿las lesbianas y bisexuales somos parte del terrible problema de la violencia contra las mujeres? Por supuesto, y esto es algo que me gustaría que empecemos a decir alto y claro como movimiento social.

 

Calladita te ves más bonita

¿Cuándo vamos a empezar a hablar sobre la violencia entre las parejas del mismo sexo? Parece que salimos del clóset de la identidad pero nos metimos a uno más cruel, ese que oculta víctimas para seguir adelante en la “lucha por nuestros derechos”. Para varias personas que llevan más años en estas luchas, me imagino que no es novedad que una mujer lesbiana haga público un testimonio sobre violencia de pareja. Lo que he sentido hasta ahora (sin ánimos de generalizar): morbo, cuchicheo, dudas, sospecha y finalmente olvido. Un olvido doloroso supuestamenre en aras de la lucha, en aras de la comodidad de mi movimiento, en aras de mi propia comodidad o la de mis amigxs.

Actitudes como esas me parecen contradictorias, dado que desde el activismo por los derechos humanos, somos nosotrxs mismxs lxs que embanderamos la lucha por las víctimas de la violencia de género, quienes denunciamos que a las mujeres nos creen mentirosas, que disfrazan las denuncias de violencia como anécdota doméstica, y otras argucias que generan los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Y entonces ¿qué pasa? ¿Qué pasa con esas lesbianas o bisexuales violentadas por sus parejas todos los días? ¿Qué pasa con esas lesbianas o bisexuales que se atrevieron a hablar y que no llegamos a escuchar? ¿Qué pasa con todas esas lesbianas o bisexuales que ni si quiera se atreven a denunciar por miedo o vergüenza?

Allí también está la violencia y sobre esto también hay que ser radical. La violencia contra las mujeres se erradica de la política, del partido, de la organización y del movimiento. Se denuncia si viene de un funcionario público, de un partido de derecha, de izquierda, de la Iglesia o de los sodálites. Se denuncia si viene de una persona heterosexual o de una persona LGTBI. Y nunca jamás puede pasarse por agua tibia, de lo contrario estaremos construyendo un fantasma, un ideal de transformación que no empieza por nosotrxs mismxs y que, sobretodo, genera mucho más dolor. Porque el silencio que se teje tras la violencia duele y ahonda heridas.

La violencia entre parejas del mismo sexo existe. No me voy a cansar de decirlo en todos los espacios posibles, hasta que cuaje y sea un punto en la agenda, hasta que asumamos real responsabilidad por combatirla en nuestro propio movimiento o en nuestras propias organizaciones. Y ojalá esto sea pronto, porque solo así estaríamos siendo un poco más coherentes con el ideal de mundo que perseguimos: uno sin machismo, sin discriminación, sin violencias y en igualdad. Un mundo con real dignidad y posibilidades de sentirnos plenxs.

* Esta nota la escribo pensando en todas las mujeres víctimas de violencia que no hallaron justicia o reparación, mi solidaridad para con ellas y sus historias. También pienso en mis compañerxs de Unión Civil YA, con quienes nos hemos tomado en serio este compromiso y con quienes hemos hecho no sólo un colectivo sino una forma bonita y justa de entender el mundo.

(*)  Liliana Huaraca Bruno – Comunicadora, activista lesbiana, feminista e integrante del Colectivo Unión Civil YA.

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